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Durante más de una década, la política rionegrina giró alrededor de una certeza: Juntos Somos Río Negro era el eje ordenador del poder. El partido fundado por Alberto Weretilneck logró construir una identidad provincialista que desplazó a los partidos nacionales, consolidó una red territorial de intendentes, legisladores y dirigentes, y convirtió al gobernador en el principal árbitro de la política provincial.
Desde la ultima elección, ese esquema comienza a mostrar signos evidentes de agotamiento.
La encuesta difundida por la consultora PoliTech no representa una fotografía definitiva de la elección de 2027. Falta más de un año para que los rionegrinos vuelvan a votar y la política suele cambiar con rapidez. Sin embargo, sí permite observar una tendencia que ya venía manifestándose en distintos procesos electorales: la hegemonía de Juntos Somos Río Negro dejó de ser incuestionable.
El dato más importante no es el triple empate
Muchos centrarán el análisis en que La Libertad Avanza aparece con el 25,1%, el Partido Justicialista con el 22,2% y JSRN con el 21,5%.
Pero probablemente ese no sea el dato central. El verdadero dato político es otro.
Casi siete de cada diez rionegrinos manifiestan que desean un cambio de gobierno.
Ese número modifica completamente la lógica electoral. Durante años, Weretilneck construyó sus campañas desde la fortaleza de la continuidad. Hoy deberá hacerlo intentando convencer a una sociedad que mayoritariamente expresa cansancio frente al mismo proyecto político. Ese cambio cultural suele ser mucho más profundo que cualquier encuesta. Cuando una sociedad comienza a demandar alternancia, los oficialismos dejan de competir únicamente contra sus adversarios y empiezan a competir contra el desgaste acumulado por el ejercicio del poder. Y el desgaste, históricamente, ha sido uno de los adversarios más difíciles de derrotar.
El aislamiento de JSRN
Otro aspecto interesante del informe es que deja al descubierto un problema que el oficialismo intenta minimizar desde hace meses. JSRN comienza a quedar políticamente aislado.
Durante mucho tiempo logró ocupar el centro del tablero. Era el espacio que dialogaba con el radicalismo, con sectores del peronismo, con partidos municipales y con dirigentes independientes. Hoy ese escenario cambió. La Libertad Avanza comenzó a absorber dirigentes provenientes del PRO, sectores radicales e incluso referentes que hasta hace poco integraban el propio oficialismo provincial. La incorporación de Aníbal Tortoriello y la salida de Marcela González Abdala constituyen señales de ese proceso. Mientras tanto, el peronismo parece avanzar hacia una unificación alrededor de María Emilia Soria.
En consecuencia, el espacio político que durante años articuló acuerdos con distintos sectores comienza a quedarse sin socios estratégicos. Y eso representa un problema mayor que cualquier caída en las encuestas. Porque los gobiernos provinciales necesitan construir mayorías políticas permanentes.
Weretilneck enfrenta un desafío inédito
Nunca antes Alberto Weretilneck había llegado a un proceso electoral con tantas variables abiertas simultáneamente. Debe administrar una provincia atravesada por conflictos salariales, enfrentar un creciente desgaste de imagen, sostener la unidad interna de JSRN y competir contra dos oposiciones fuertes que hoy aparecen prácticamente empatadas. Pero además enfrenta otro problema.
Durante años construyó liderazgo sobre la idea de ser el único dirigente capaz de garantizar gobernabilidad. Hoy esa percepción comienza a ser discutida. Y cuando el atributo principal de un liderazgo deja de ser exclusivo, el escenario político cambia radicalmente.
La paradoja de los intendentes
Existe además un fenómeno que merece atención.
Mientras la imagen provincial del oficialismo muestra señales de desgaste, varios intendentes de JSRN conservan niveles de aprobación muy superiores a los del gobierno provincial. El caso más evidente es Diego Ramello en Choele Choel. Su gestión aparece reiteradamente entre las mejores valoradas de Río Negro. Esa diferencia revela que una parte importante de la ciudadanía distingue claramente entre las administraciones locales y el gobierno provincial. Es decir, no todo el desgaste de JSRN impacta de la misma manera sobre sus dirigentes territoriales. Y allí puede aparecer una de las principales tensiones internas del partido.
El fenómeno Soria
Durante muchos años el peronismo rionegrino convivió con divisiones internas que facilitaron el crecimiento del provincialismo.
Hoy la situación parece distinta. María Emilia Soria logró convertirse en la dirigente con mayor capacidad para ordenar al PJ detrás de una candidatura competitiva. El acto previsto para agosto será una prueba importante.
No tanto por la cantidad de asistentes. Sino por la diversidad política que logre reunir. Porque el verdadero desafío del peronismo no consiste únicamente en unir al PJ. Consiste en transformarse en una alternativa de gobierno para quienes nunca votaron peronismo.
La Libertad Avanza deja de ser una expresión testimonial
Quizás el cambio más profundo sea el crecimiento libertario.
Hasta hace pocos meses muchos analistas consideraban que el fenómeno Milei tendría dificultades para consolidarse en elecciones provinciales. Hoy esa hipótesis comienza a perder fuerza. La Libertad Avanza dejó de disputar únicamente el voto opositor. También empieza a disputar dirigentes. Y eso modifica completamente el tablero. La eventual candidatura de Aníbal Tortoriello puede convertirse en un factor determinante. Porque no representa solamente a un dirigente. Representa estructura territorial, conocimiento público y capacidad de organización.
El gran problema de Weretilneck
Más allá de los números, existe una cuestión de fondo. Todo oficialismo necesita ofrecer futuro. No solamente administrar presente. Y allí aparece la principal dificultad de JSRN. La renovación encabezada por Rodrigo Buteler intenta transmitir precisamente esa idea. Pero la política no cambia únicamente renovando autoridades partidarias.
La sociedad demanda respuestas nuevas. Y, sobre todo, liderazgos capaces de interpretar un contexto completamente distinto al de hace diez años.
Pesatti, el actor silencioso
Esta editorial incorpora otro elemento que merece atención. Pedro Pesatti.
El vicegobernador aparece cada vez más diferenciado del esquema político construido por Weretilneck. Su perfil desarrollista, algunas diferencias públicas con la estrategia nacional del gobernador y su posicionamiento interno lo convierten en un dirigente con capacidad para alterar cualquier escenario.
Si decidiera competir por fuera de la estructura oficial, el impacto sobre el voto provincialista podría ser considerable. No porque hoy aparezca como favorito. Sino porque podría dividir un electorado históricamente concentrado.
Una elección completamente distinta
La elección de 2027 no se parecerá a ninguna anterior. Ya no existe un oficialismo ampliamente dominante. Tampoco una oposición claramente unificada. Y por primera vez aparecen tres fuerzas competitivas disputando el poder en condiciones relativamente similares. Eso vuelve extremadamente importante cada movimiento político. Cada incorporación. Cada alianza. Cada intendente.
Cada candidato.
La batalla será por los desencantados
Finalmente, existe un dato que probablemente termine definiendo la elección. Los indecisos.
No necesariamente quienes aún no saben a quién votar. Sino quienes dejaron de sentirse representados por las opciones tradicionales. Ese segmento será el verdadero campo de batalla electoral. Porque los votantes más identificados con cada espacio ya tienen, en buena medida, su decisión tomada. La elección se definirá entre quienes hoy reclaman cambios, pero todavía no saben quién puede interpretarlos. Y allí reside el principal desafío de todos los espacios políticos. No alcanza con cuestionar al oficialismo.
Tampoco alcanza con reivindicar la gestión. Será necesario construir una propuesta creíble para una sociedad que parece haber comenzado a cerrar un ciclo político.
La encuesta de PoliTech no define quién ganará en 2027. Pero sí deja una conclusión contundente: Río Negro ya no tiene un partido dominante. La provincia ingresa en una etapa de competencia abierta, donde el poder dejará de depender únicamente de las estructuras territoriales y comenzará a definirse por la capacidad de interpretar una sociedad que cambió más rápido que buena parte de su dirigencia.
La gran incógnita ya no es si Juntos Somos Río Negro puede seguir gobernando. La verdadera pregunta es si será capaz de reinventarse antes de que el desgaste de tantos años en el poder termine convirtiéndose en una alternancia inevitable.