Por Alejandro Mambrin

Choele Choel se destaca en muchas cosas. Alcanza con caminar la ciudad para verlo: plazas nuevas, espacios verdes recuperados, parquización cuidada barrio por barrio, obras que avanzan y se nota.
¿Faltan cosas? Si, y también están a la vista, pero eso va para otro debate. Lo que quiero hacer notar es que la gestión urbana tiene un proyecto claro, sostenido, con continuidad de un año al otro. Se ve, se planifica y se comunica.
¿Podemos decir lo mismo de la cultura?
Hoy Choele no tiene un Centro Cultural. El espacio que supo existir fue devuelto, y lo que queda es un puñado mínimo de talleres, sostenidos más por la voluntad de algunas personas que por una política definida.
No hay un lugar físico que funcione como punto de encuentro entre artistas, gestores, docentes y vecinos.
No hay una dirección clara hacia dónde va el desarrollo cultural de la ciudad en los próximos años.
Lo que sí hay, de tanto en tanto, son efemérides.
Una muestra por un aniversario, alguna banda que pasa, una obra que viene, un premio que se celebra un día y se olvida al siguiente. Está bien que existan, nadie dice lo contrario. El problema es confundir eso con una política cultural. Una fecha en el calendario no es un proyecto. Un evento aislado no construye continuidad, no forma públicos, no sostiene a quienes hacen cultura en esta ciudad todo el año, no solo el día que toca conmemorar algo.
Y así como el urbanismo tiene visión de conjunto (cada plaza se piensa en relación a un barrio, a una necesidad, a una planificación de ciudad), la cultura en Choele parece resolverse casi al revés: sin espacio propio, sin presupuesto pensado a varios años, sin ese hilo conductor que une lo que pasa en una escuela con lo que podría pasar después en un espacio municipal, en una muestra, en una producción sostenida en el tiempo.
No escribo esto para señalar culpables. No creo que haga falta buscar a quién apuntar con el dedo, ni en la gestión actual, ni en las anteriores, ni en quienes hoy sostienen lo poco que hay con lo que tienen a mano. Lo que sí creo es que Choele tiene con qué construir algo mejor (hay artistas, hay docentes, hay gestores, hay vecinos con ganas) y lo que falta no es voluntad individual, sino un marco que la ordene y la sostenga.
Por eso dejo esto como pregunta abierta, no como reclamo cerrado: ¿por qué la ciudad puede pensar su urbanismo a largo plazo y no logra hacer lo mismo con su cultura?
¿Es posible recuperar un espacio cultural propio, con continuidad?
¿Podemos empezar, entre todos, a exigir y a construir una política cultural real, en lugar de esperar la próxima efeméride?