🏀 Cuando el corazón también juega: el básquet femenino de Choele Choel hizo historia

Hay triunfos que se festejan por el resultado y hay otros que se celebran por todo lo que representan. El campeonato de la Copa de Plata 2026 conseguido por la Escuela Municipal de Básquet de Choele Choel pertenece, sin dudas, a esta segunda categoría.

Porque detrás de una copa hay mucho más que un partido ganado. Hay esfuerzo, compromiso, kilómetros recorridos, familias acompañando, instituciones que ayudan y, sobre todo, mujeres que decidieron volver a ponerse una camiseta para demostrar que todavía tenían mucho para dar.

Una copa que empezó mucho antes de la final

Quizás desde afuera se vea solamente el resultado: Choele Choel campeón de la Copa de Plata 2026.

Pero quienes conocen el camino saben que llegar hasta allí fue, en sí mismo, una victoria.

La propia institución lo reconoce: participar de este tipo de competencias provinciales nunca resulta sencillo. Esta vez fue todavía más difícil. El equipo llegó prácticamente sin entrenamiento conjunto, con jugadoras que habían dejado la actividad y volvieron a las canchas, otras que nunca habían competido federadamente y algunas que hicieron cientos de kilómetros simplemente porque entendieron que había una camiseta que necesitaba de ellas.

No hubo demasiado tiempo para preparar sistemas, automatizar movimientos o construir sociedades dentro de la cancha.

Hubo algo mucho más poderoso: la decisión de estar.

Mujeres que volvieron a creer

Hay algo profundamente emotivo en ver a una mujer volver a una cancha después de años.

Porque no solamente vuelve a jugar básquet.

Vuelve a encontrarse con una parte de ella misma.

Vuelve a recordar quién fue, qué soñó, cuánto disfrutó alguna vez de una pelota entre las manos. Y cuando además lo hace para formar parte de un equipo que representa a su ciudad, el significado se multiplica.

Estas jugadoras llegaron desde distintos lugares y con distintas historias.

Algunas con experiencia.

Otras prácticamente comenzando.

Pero todas terminaron encontrándose en un mismo lugar: el equipo.

Y allí aparece la figura de la capitana, Lorena Funes, cuya convicción fue fundamental para reunir voluntades y convertir una idea difícil en una posibilidad concreta.

Primero fueron un grupo. Después fueron un equipo.

Quizás uno de los mayores logros de este campeonato no esté en la tabla de posiciones.

Está en lo que sucedió durante esos días.

La convivencia en el complejo del Cóndor, el compartir horas, comidas, charlas, cansancio, nervios y expectativas fue construyendo algo que ningún entrenamiento puede garantizar por sí solo.

Las jugadoras empezaron a conocerse.

Y cuando se conocieron, comenzaron a confiar.

Cuando confiaron, comenzaron a jugar.

Y cuando jugaron juntas, apareció el básquet.

De menos a más, aquellas mujeres que llegaron con tantas dificultades fueron encontrando su identidad dentro de la cancha.

Defendieron como leonas.

Corrieron.

Se sacrificaron.

Se animaron.

Y, fundamentalmente, jugaron con el corazón en la mano.

Hasta que apareció aquello que siempre estuvo allí: la jerarquía del básquet del Valle Medio.

Una deuda que empieza a saldarse

Hay otra dimensión de este campeonato que merece ser mirada con atención.

Durante mucho tiempo, el básquet femenino no tuvo el mismo acompañamiento, la misma estructura o las mismas oportunidades que otras disciplinas.

Por eso, esta copa representa también una señal.

Una señal de que apostar por el básquet femenino vale la pena.

La Escuela Municipal de Básquet de Choele Choel empieza a saldar, como reconoce la propia institución, una deuda histórica con las mujeres que quieren jugar, competir y representar a su ciudad.

Y quizás lo más importante sea que este logro no termina con esta generación.

Porque hoy están Lorena y Rocío, no solamente como grandes jugadoras, sino también como profes que asumieron el desafío de formar a las próximas generaciones.

Ahí está la verdadera semilla.

Una niña que hoy mira a estas campeonas puede imaginarse mañana dentro de una cancha.

Y eso también es hacer política deportiva.

El campeonato que se construye entre todos

Ningún equipo llega solo.

Detrás de una camiseta hay instituciones, familias, dirigentes, entrenadores, municipios, clubes y personas que muchas veces trabajan sin aparecer en la foto.

Por eso también merece reconocimiento el acompañamiento de la Secretaría de Deportes de Río Negro y de las instituciones que entendieron que la participación de Choele Choel trascendía una competencia.

La Escuela Municipal de Lamarque, Club Atlético Regina, Argentino de Trenque Lauquen, Plottier y Pacífico de Neuquén fueron parte de ese entramado que permitió que el equipo pudiera estar.

Y cuando una institución abre una puerta para que otra pueda competir, también está haciendo deporte.

Está construyendo comunidad.

La bandera de Choele

Hay una frase que resume quizás mejor que ninguna otra lo que significa este logro: llevar la bandera de la ciudad.

Porque cuando estas jugadoras entraron a la cancha no solamente representaron a una escuela municipal.

Representaron a sus familias.

A sus entrenadores.

A quienes alguna vez jugaron.

A quienes todavía juegan.

A las niñas que recién empiezan.

Y a una ciudad que aprendió a reconocerlas.

Cada vez que una delegación de Choele Choel sale de la ciudad para competir, hay algo de nuestra identidad que viaja con ella.

Y estas mujeres llevaron esa bandera con hidalgía, esfuerzo y valentía.

Que esta copa no sea el final

Ojalá esta copa no sea vista solamente como un trofeo.

Ojalá sea entendida como un punto de partida.

Que sirva para que más niñas se acerquen al básquet.

Que haya más entrenamientos, más equipos, más competencias y más mujeres ocupando espacios deportivos.

Que las chicas que hoy están aprendiendo miren a Lorena, a Rocío y a todas estas campeonas y puedan decir: “Yo también quiero estar ahí”.

Porque los grandes cambios deportivos no comienzan necesariamente con grandes presupuestos.

A veces comienzan con un grupo de personas que decide no bajar los brazos.

Gracias, chicas

Hay victorias que se cuentan en puntos.

Esta se cuenta en historias.

En la jugadora que volvió después de años.

En la que nunca había jugado federada.

En la que hizo cientos de kilómetros para ayudar.

En la capitana que insistió.

En las familias que acompañaron.

En las instituciones que dieron una mano.

En las profes que ahora forman a las que vienen.

Y en cada persona que, desde Choele Choel, sintió orgullo al ver esa camiseta competir.

Por eso, gracias chicas.

Gracias por volver.

Gracias por animarse.

Gracias por representar a nuestra ciudad.

Gracias por demostrar que el deporte también puede ser una herramienta de encuentro, de identidad y de transformación.

La Copa de Plata 2026 quedará en la historia.

Pero quizás lo más importante no sea recordar quién ganó aquella final.

Lo verdaderamente importante será recordar que un grupo de mujeres valientes decidió creer que podía.

Y cuando una comunidad encuentra mujeres dispuestas a creer, luchar y abrir camino para las que vienen detrás, la verdadera victoria recién comienza.

🏀 Felicitaciones, campeonas. Choele Choel está orgulloso de ustedes.