Weretilneck mueve todas las piezas: una Secretaría Electoral que vuelve a encender las alarmas políticas en Río Negro

La designación de Nicolás Land, un dirigente con trayectoria dentro de Juntos Somos Río Negro, vuelve a poner bajo la lupa la relación entre poder político e instituciones electorales. En un escenario donde el oficialismo enfrenta un creciente reclamo de recambio, cada movimiento empieza a ser leído en clave 2027.

La política rionegrina comienza a entrar, cada vez con mayor claridad, en modo electoral. Y mientras las distintas fuerzas buscan ordenar sus fichas para 2027, el oficialismo de Juntos Somos Río Negro parece dispuesto a no regalar absolutamente nada.

En ese tablero, la designación de Nicolás Land como nuevo Secretario Electoral de Río Negro no puede pasar inadvertida.

No porque exista una prueba de que Land vaya a actuar de manera parcial. Eso deberá demostrarse con sus decisiones. El problema político es otro: su trayectoria reciente lo vincula directamente con el oficialismo provincial.

Land fue secretario legislativo del bloque de JSRN y anteriormente fue ministro durante una gestión de Alberto Weretilneck. Hasta hace poco tiempo, su actividad estaba directamente relacionada con la estructura política que gobierna la provincia.

Ahora ocupará un cargo dentro de una estructura judicial especialmente sensible: la Secretaría Electoral.

Y la pregunta aparece sola.

¿El árbitro también viene del equipo?

En política, las formas importan.

Puede sostenerse que una persona tiene la capacidad profesional para separar su función institucional de su pertenencia partidaria. Y probablemente ese sea el argumento que utilizarán quienes respaldaron su designación.

Pero hay algo que ninguna explicación jurídica puede borrar: la confianza pública.

La Secretaría Electoral debe ser percibida como absolutamente independiente por oficialistas, opositores y ciudadanos.

No alcanza con decir “voy a ser imparcial”.

La sociedad tiene derecho a preguntarse si quienes administran las reglas electorales llegan al cargo con suficiente distancia de quienes gobiernan.

Y en este caso, la distancia política no parece ser precisamente la característica más evidente del nuevo funcionario.

Weretilneck y el tablero de 2027

El contexto hace que la designación sea todavía más sensible.

Alberto Weretilneck enfrenta una elección que, a priori, aparece mucho más compleja que otras que atravesó durante su extensa trayectoria política.

El escenario provincial muestra señales de desgaste del oficialismo y un reclamo de sectores de la sociedad que comienza a expresarse en una idea sencilla: recambio político.

La discusión ya no pasa únicamente por quién puede ganar.

También empieza a instalarse la pregunta sobre cuántos años más puede permanecer el mismo espacio político al frente de la provincia.

Juntos Somos Río Negro gobierna desde 2011, con diferentes períodos y liderazgos, y Weretilneck ocupa nuevamente la Gobernación desde 2023.

En este contexto, cada movimiento institucional adquiere una lectura política.

Y el oficialismo sabe que 2027 no será una elección más.

Cuando el poder empieza a cuidar cada casillero

La política electoral tiene algo parecido al ajedrez.

Mucho antes de que llegue el día de votar, los jugadores empiezan a mover piezas.

Se construyen alianzas, se buscan candidatos, se negocian espacios, se ordenan estructuras y se intenta conservar influencia.

En ese escenario, la Secretaría Electoral representa un casillero demasiado importante como para que su designación pase desapercibida.

La pregunta no es si Land tiene derecho a ejercer el cargo.

Por supuesto que lo tiene.

La pregunta política es otra:

¿Era necesario elegir para una función tan sensible a una persona cuya trayectoria inmediata está tan vinculada al oficialismo provincial?

Y esa pregunta no la formula únicamente la oposición.

La debería formular cualquier ciudadano interesado en que las próximas elecciones sean incuestionables.

Cinco contra dos: otra señal que alimenta la discusión

La decisión del Consejo de la Magistratura tampoco estuvo exenta de controversia.

Land obtuvo el respaldo mayoritario, aunque no había sido el postulante con mayor puntuación en el concurso, según la información difundida sobre el proceso.

El juez del Superior Tribunal de Justicia Sergio Barotto votó por Nancy Paileman, quien había obtenido la mejor puntuación, y el legislador del PRO Juan Murillo Ongaro acompañó esa postura.

Los representantes vinculados al oficialismo respaldaron a Land.

El resultado fue 5 a 2.

Legalmente, la decisión puede ser perfectamente válida.

Políticamente, sin embargo, deja una imagen difícil de ignorar: el candidato con mayor puntuación no terminó siendo el elegido.

Y cuando hablamos de un cargo electoral en el año previo a la aceleración de una campaña política, las explicaciones deben ser particularmente transparentes.

El argumento de la independencia

Land aseguró que su pertenencia partidaria no condicionará su desempeño.

Habrá que verlo.

Porque ahora comienza la parte verdaderamente importante.

No habrá que juzgarlo por su pasado partidario, sino por cómo actúe cuando las decisiones electorales puedan afectar intereses de JSRN, del peronismo, de La Libertad Avanza, del PRO, de la UCR o de cualquier otro espacio.

Ahí estará la verdadera prueba.

Porque si la Secretaría Electoral actúa con criterios transparentes, públicos y equitativos, las críticas perderán fuerza.

Pero si alguna decisión genera dudas, su pasado político inevitablemente volverá a aparecer sobre la mesa.

Y eso es precisamente lo que una institución electoral debería evitar.

Un oficialismo que no parece dispuesto a entregar el poder

Weretilneck conoce el poder como pocos dirigentes rionegrinos.

Conoce sus tiempos, sus estructuras, sus alianzas y también la importancia de llegar a una elección con el aparato político ordenado.

Por eso sería ingenuo pensar que el oficialismo va a observar pasivamente cómo crece el reclamo de recambio.

Va a jugar. Y va a jugar fuerte.

El problema es que, cuando un gobierno lleva tantos años en el poder, cualquier movimiento destinado a conservar posiciones puede ser interpretado como una maniobra para garantizar la continuidad.

Ahí aparece el límite que debería cuidar el oficialismo: una cosa es utilizar legítimamente las herramientas políticas para competir y otra muy distinta es generar dudas sobre la independencia de las instituciones que deben garantizar esa competencia.

La sociedad pide algo más que nombres nuevos

El reclamo de recambio que aparece en distintos sectores de la sociedad rionegrina no necesariamente significa que exista un candidato opositor consolidado.

Eso todavía está por verse.

La oposición también tiene sus problemas: fragmentación, internas, falta de liderazgo único y dificultades para construir una alternativa competitiva.

Pero el desgaste de un oficialismo no implica automáticamente que la oposición gane.

Y Weretilneck lo sabe.

Por eso el 2027 se presenta como una elección abierta, donde la capacidad de construir alianzas será tan importante como la imagen de cada candidato.

En ese escenario, JSRN buscará mostrar gestión, acuerdos, obras y capacidad de negociación.

Sus adversarios buscarán convertir el desgaste acumulado en una demanda concreta de cambio.

El problema no es Land. El problema es la confianza.

Conviene insistir sobre esto.

No se trata de afirmar que Nicolás Land vaya a favorecer a Juntos Somos Río Negro.

No hay elementos para afirmar eso.

El punto es que las instituciones electorales deben ser diseñadas y conducidas de manera tal que ni siquiera exista una sombra razonable sobre su independencia.

Porque el verdadero capital de una Secretaría Electoral no es solamente su legalidad.

Es su credibilidad.

Y en política, cuando la confianza empieza a faltar, cualquier decisión puede convertirse en combustible para la sospecha.

2027 ya empezó

Aunque falte tiempo para las elecciones, la política rionegrina ya está jugando 2027.

Weretilneck buscará retener el poder.

La oposición intentará construir una alternativa.

La Libertad Avanza quiere convertirse en protagonista.

El peronismo deberá resolver sus internas.

El PRO y otros espacios definirán alianzas.

Y el radicalismo intentará recuperar terreno.

En el medio estará una sociedad que parece cada vez menos dispuesta a votar únicamente por tradición partidaria y que exige resultados, renovación y respuestas concretas.

Por eso, cada nombramiento, cada alianza y cada decisión institucional será observado con atención.

Porque cuando el poder siente que puede perder, mueve todas sus piezas.

La verdadera cuestión será determinar si esas piezas se mueven dentro de las reglas democráticas y con instituciones suficientemente independientes para garantizar que, gane quien gane, nadie pueda cuestionar al árbitro.

Y ahí estará la Secretaría Electoral.

En 2027 no solamente se va a discutir quién gobierna Río Negro. También se va a discutir si el sistema político provincial está preparado para aceptar, de verdad, la posibilidad del recambio.