La UCR rionegrina mueve sus fichas para 2027: reforma la Carta Orgánica, concentra la negociación de alianzas y prorroga mandatos

La Convención Provincial de la Unión Cívica Radical de Río Negro aprobó en Chimpay una reforma integral de su Carta Orgánica que modifica las reglas internas del partido, delega en el Comité Central la definición de alianzas electorales y prorroga los mandatos partidarios. Una decisión que, más allá de la actualización formal de la estructura radical, tiene una lectura política inevitable: la UCR empieza a preparar el terreno para 2027 y concentra en su conducción la capacidad de negociar su futuro electoral.

La reunión contó con la participación de más de dos tercios de los convencionales y tuvo la presencia de la presidenta del bloque de legisladores, Lorena Matzen; los intendentes Yamila Direne, Miguel Evans, Víctor “Curi” Mansilla, Lucas González y Diego Agüero; dirigentes partidarios, referentes de la Juventud Radical, militantes y afiliados.

Desde la conducción partidaria presentaron la reforma como una modernización necesaria para adaptar el funcionamiento de la UCR a la realidad política y territorial de la provincia. Entre los cambios aparecen nuevas herramientas de participación, reuniones presenciales, virtuales o híbridas, disposiciones sobre protección de datos, paridad y el reconocimiento orgánico de la Secretaría de la Mujer y UCR Diversidad.

Pero detrás de esa actualización institucional aparece el verdadero dato político de la jornada.

El Comité Central tendrá la llave de las alianzas

La Convención resolvió delegar en el Comité Central, encabezado por Ariel Bernatene, la facultad para negociar y formalizar alianzas electorales de cara a 2027.

Esto significa que la conducción partidaria tendrá margen para conversar con otras fuerzas y eventualmente cerrar acuerdos sin que cada negociación tenga que regresar nuevamente a la Convención para su aprobación.

La resolución no establece que la UCR vaya a acompañar a Weretilneck. Pero tampoco lo descarta.

Y ahí aparece una de las principales claves políticas.

En 2023, el radicalismo acompañó la candidatura de Alberto Weretilneck dentro del esquema de Juntos Somos Río Negro, aunque mantuvo una lista propia para la elección legislativa. Para 2027, el vínculo vuelve a estar sobre la mesa y la nueva distribución de facultades deja a la conducción radical en condiciones de negociar directamente ese eventual entendimiento o cualquier otra alternativa.

¿Modernización o concentración de poder?

La conducción radical habla de modernizar el partido. Sin embargo, existe otra lectura posible dentro de la propia UCR.

Antes de la Convención, un sector de afiliados y militantes había cuestionado la reforma y particularmente la delegación de facultades para definir alianzas y la extensión de los mandatos. Los críticos calificaron esas modificaciones como un problema para la democracia interna y anticiparon incluso la posibilidad de recurrir a instancias partidarias, electorales y judiciales.

Por eso, la discusión no termina con la aprobación de la reforma.

La pregunta política es otra: ¿la UCR está modernizando sus estructuras o está concentrando en su conducción las decisiones más importantes sobre el futuro electoral del partido?

La diferencia no es menor.

La definición de alianzas es una de las decisiones políticas de mayor trascendencia para cualquier fuerza. Y ahora esa capacidad queda en manos de un grupo reducido de dirigentes del Comité Central.

La sombra de Weretilneck

La situación adquiere mayor relevancia porque la UCR mantiene una relación política cercana con el Gobierno provincial.

Aunque todavía no existe una alianza definida para 2027, distintos análisis publicados tras la Convención señalan que el eventual vínculo con Weretilneck aparece como una de las principales negociaciones que deberá afrontar la conducción radical.

El propio Bernatene buscó marcar condiciones.

“Tenemos intendentes, concejales, legisladores, equipos técnicos, militantes y una historia de gobierno”, sostuvo, reclamando participación en las decisiones y una representación acorde con el peso territorial de la UCR.

También definió el objetivo de construir un radicalismo “abierto, federal y moderno, pero con identidad; capaz de acordar y también de hacerse respetar”.

El mensaje puede leerse como una advertencia: si hay acuerdo con el oficialismo, la UCR pretende llegar a la mesa de negociación con condiciones propias.

Pero todavía falta saber cuáles serán esas condiciones y, sobre todo, cuánto margen tendrá el radicalismo para sostener una identidad propia dentro de un eventual armado electoral.

Mandatos prorrogados: otro punto sensible

La Convención también aprobó una disposición transitoria para prorrogar los mandatos de las autoridades partidarias.

Este punto había sido cuestionado por afiliados y militantes antes de la reunión, que entendían que la extensión de los mandatos debía ser discutida con mayor participación de las bases. El oficialismo partidario, en cambio, incorporó la medida dentro del paquete de reformas aprobado en Chimpay.

Así, la conducción actual no solamente obtiene la herramienta para negociar las alianzas de 2027, sino que también extiende su permanencia al frente de la estructura partidaria.

Una UCR ante una decisión de supervivencia política

La UCR rionegrina atraviesa una etapa de definiciones.

Conserva intendencias, representación legislativa, estructura territorial y una historia política importante en la provincia. Pero también enfrenta un escenario electoral donde La Libertad Avanza busca disputar el protagonismo opositor y donde Juntos Somos Río Negro continúa intentando preservar su centralidad provincial.

En ese tablero, el radicalismo debe resolver una cuestión de fondo: si quiere ser protagonista con identidad propia o si volverá a convertirse en socio de una estructura electoral encabezada por otro espacio.

La reforma aprobada en Chimpay no responde todavía esa pregunta.

Lo que sí hace es entregar la llave de esa negociación al Comité Central.

Y ahí estará la verdadera prueba para la conducción de Bernatene: si logra utilizar esa facultad para fortalecer a la UCR como actor político autónomo o si termina utilizándola para cerrar un nuevo acuerdo de supervivencia electoral.

Por ahora, la Convención fijó las reglas.

El próximo movimiento será político.