Gustavo Gennuso CUESTIONA EL LIDERAZGO DE Alberto Weretilneck Y SE PROYECTA COMO CANDIDATO

La interna de Juntos Somos Río Negro sumó un nuevo y explosivo capítulo que deja al descubierto tensiones profundas dentro del oficialismo. El exintendente de San Carlos de Bariloche, Gustavo Gennuso, lanzó duras críticas contra la conducción del gobernador Alberto Weretilneck, cuestionó el funcionamiento interno del espacio y dejó abierta su aspiración a disputar la gobernación.

Las declaraciones, realizadas en una entrevista reciente, no solo marcan un quiebre político, sino que exponen una discusión de fondo sobre el modelo de poder y gestión que atraviesa la provincia de Río Negro.

Un modelo de conducción bajo la lupa

Gennuso fue directo al señalar lo que considera una de las principales debilidades del oficialismo: la concentración del poder. “JSRN ha funcionado con una conducción unipersonal donde el partido está al servicio de los intereses del gobierno”, afirmó, en una crítica que apunta directamente al estilo de liderazgo de Weretilneck.

El exintendente planteó que este esquema limita la participación interna y desalienta cualquier tipo de disidencia. Según su diagnóstico, el problema no es solo político, sino estructural: aseguró que una gran mayoría de la militancia depende de cargos estatales, lo que condiciona la libertad de expresión dentro del espacio.

“¿Cómo se construye una alternativa si quienes integran el partido dependen del propio gobierno?”, se preguntó, dejando en evidencia un sistema que, a su entender, prioriza la obediencia por sobre el debate.

De partido político a maquinaria electoral

En su análisis, Gennuso sostuvo que Juntos Somos Río Negro perdió su esencia original y se transformó en una herramienta exclusivamente electoral.

“Se convirtió en una maquinaria electoral, no en un espacio de pensamiento ni de construcción política”, sentenció.

La comparación con otros partidos tradicionales no fue casual: el dirigente advirtió que el oficialismo provincial habría replicado errores históricos, priorizando la acumulación de poder por sobre la generación de ideas y políticas públicas sostenibles.

Críticas a la gestión económica provincial

El cuestionamiento no se limitó al plano político. Gennuso también apuntó contra la gestión económica del gobierno provincial, al considerar que carece de una estrategia de desarrollo integral.

Según su visión, la administración de Weretilneck se encuentra “atada” al crecimiento del sector petrolero, sin lograr diversificar la matriz productiva de la provincia.

En ese sentido, enumeró oportunidades que —según afirmó— fueron desaprovechadas:

  • El desarrollo del puerto de San Antonio Este
  • La reubicación de la zona franca hacia Punta Colorada
  • La promoción de una industria naval vinculada a la reparación de embarcaciones

Proyectos que, aseguró, fueron presentados durante su gestión pero no avanzaron dentro de la agenda provincial.

Internas y disputas de poder

El exintendente también dejó entrever tensiones internas dentro del propio gobierno. Apuntó contra el exministro de Obras Públicas, Carlos Valeri, a quien acusó de haber frenado obras destinadas a Bariloche durante su gestión, en el marco de disputas políticas.

Además, cuestionó la actual relación entre el municipio de San Carlos de Bariloche y la provincia, señalando que el vínculo entre el intendente Walter Cortés y el Ejecutivo provincial condiciona el rol de los representantes legislativos del oficialismo.

Un escenario que se reconfigura

Las declaraciones de Gennuso no pueden leerse solo como una crítica aislada. En un contexto donde comienzan a delinearse los posicionamientos de cara al futuro político de la provincia, su discurso aparece como el inicio de una construcción alternativa dentro —o por fuera— del oficialismo.

“Me gustaría ser gobernador”, expresó sin rodeos, en lo que muchos interpretan como el primer paso hacia una eventual candidatura.

Más que una interna

Lo que queda expuesto tras estas declaraciones es una discusión más profunda sobre el rumbo político de Río Negro. La concentración del poder, la dependencia estatal de la estructura partidaria y la falta de diversificación económica aparecen como ejes centrales del cuestionamiento.

En ese marco, la figura de Weretilneck queda en el centro del debate: no solo como gobernador, sino como principal responsable de un modelo que empieza a mostrar signos de desgaste.

La incógnita, hacia adelante, es si estas críticas derivarán en una reconfiguración real del mapa político o si el oficialismo logrará contener las tensiones internas.

Por lo pronto, la discusión ya está planteada. Y el silencio, definitivamente, se rompió.