EDITORIAL | Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás.

Por, Damián Betancour


Argentina es una nación inmensa, con tierra regada de gloria y cuya tierra va a traer gloria, pero la discusión ahora está en para quienes irá a parar esa gloria y riqueza de nuestra tierra, ¿serán manos argentinas las que la trabajen? o terminará siendo una quinta de un multimillonario cuyo porcentaje de tierras será la mitad de Tucuman. Estás palabras hasta acá son catastróficas, y debería serlo, tomamos dimensión de lo enorme que es nuestro país, pero no tomamos dimensión de lo que representa la soberanía; tanto como puede aplicarse para hablar de la tierra como de la economía.

La herencia del gobierno menemista la vivimos todos aún, de los 90 aún cuesta recuperarse. Cuando ya no quedaban empresas nacionales para rematar al extranjero, habilita la compra de grandes extensiones de tierras a extranjeros sin establecer usos como condiciones de compra. Es decir, el tan famoso tío Joe Lewis que tanto oímos los rionegrinos es causa y efecto de Menem, el mismo desembarcó en el Bolsón en el año 1992 comprando 32.000 hectáreas para su casa de veraneo en el sur argentino.

La distribución de la tierra en Argentina comenzó a ser discutida luego de 1850 con la proyección de extender el estado nación hacía el sur y utilizando como excusa la avanzada de los malones y la posible extensión de Chile hacia el atlántico. La fecha no es casualidad, aunque en historia nada es casualidad sino causalidad. En Europa la revolución industrial estaba en su auge, con su principal escenario en el Reino Unido que acapara la gran cantidad de producción primaria y poder manufacturar en las industrias británicas, se necesitaba no solo mano barata que no discriminaba en edades y que la carga laboral superaba las 16 horas.

Cuando Julio Argentino Roca concluye con la conquista del desierto en 1885, posteriormente las hectáreas no serían repartidas entre quienes trabajaron militarmente en la campaña, o no serían repartidas entre los trabajadores rurales o familias en crecimiento; simplemente se repartieron entre pocas familias argentinas, más de 500 familias de la aristocracia porteña se vieron beneficiados con la compra a muy bajo costo para ese entonces, y comenzando el siglo XX alrededor de 40 millones de hectáreas la ocupaban poco más de 1500 familias.

Las familias de apellidos más conocidos que podemos encontrar son los Braun y los Menendez-Menendez, que posteriormente unirán la familia Braun-Menendez cuyos herederos son los dueños de La Anónima y del cual Marcos Peña (heredero de la familia) fue Jefe de Gabinete en la Presidencia de Macri.
Entre otras familias que podemos encontrar están los Anchorena, del cual Joaquin Anchorena fue vicepresidente de Hipólito Yrigoyen luego de conocerse en la sociedad rural. Otro apellido conocido de nuestra historia fue el infame Ministro de Economía de la dictadura cívico-militar, Martinez de Hoz.

Hasta acá podemos ver la gran concentración de tierras en manos de pocas familias criollas, pero que el término criollo no nos engañe, esas familias elitistas que compraban más de 30 mil hectáreas lo hacían para que las trabajasen los peones y que las riquezas terminen en las arcas británicas. Pues no está de más mencionar que quienes financiaron la conquista del desierto fueron algunas de esas pocas familias, ¿Pero fue con fines nacionalistas? la respuesta es que no, porque seguimos en el periodo de la expansión imperial-comercial.

A la nueva tierra la trabajaban manos argentinas y luego con el impulso de la inmigración la oferta laboral creció, pero el interés en crecer y explotar económicamente estas tierras no era una política de estado, fue un plan sistemático del monopolio financiero de los ingleses, quienes posteriormente apostaron en brindarnos vías férreas y otros insumos para agilizar la producción. Básicamente como si fuese una cuasi colonia, y es una excelente lógica de subordinación y también de esclavitud, nuestros peones de aquel entonces eran el equivalente a lo que hacian los esclavos de los ingleses en Africa.

Ahora en el siglo XXI, nuestro siglo, la disputa entre quienes explotan que y como, está en veremos. Si seguimos con nuestro ímpetu de soberanía nacional esto es un atropello y es una infamia que grandes extensiones de tierra queden en fondos privadas que ni siquiera son nacionales, y la discusión ahora no está en que pocas familias porteñas se quedan con cuantas cantidades de hectáreas, ahora se propone pasar el tope de compra a un 25% que estaba estipulado en un 15% en 2011.

Este siglo, y este sistema neoliberal, utiliza todos los grandes medios de comunicación y de campaña para hacer creer que son mejores que las lluvias de inversiones, ahora esta es una inversión permanente porque no vienen a traer empresas para hacerlas funcionar, literalmente vienen a comprar grandes extensiones de tierras en la Patagonia, en zonas cordilleranas y al lado de la frontera (justo lo que favorece el crimen organizado y el narcotráfico)

Arturo Jauretche decía “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”, como argentinos siempre supimos y tuvimos la visión de que Argentina es un gran país en materia de recursos, un país donde tenemos los 4 climas y somos casi la mitad de europa. Pensamos en la compra de estas tierras como si se tratara de comprar la mitad de una provincia, donde se imponen reglas de explotación que no son consensuadas con el estado nación o con las provincias, y esto es una política de estado que ya vimos a principio del 2024 con la Ley Ómnibus, cuando Manuel Adorni menciona que se libera la compra de tierra para extranjeros con el fallido decreto n°70.

Otro de los atropellos ejecutivos que tuvo este gobierno fue derogar la ley de incendios forestales “también se elimina la prohibición de cambiar la actividad productiva del campo por 30-60 años después de un incendio” Manuel Adorni cuando fue vocero presidencial.

Si están limpiando y abriendo el terreno para que extranjeros vengan a divertirse e invertir, tengamos por asegurado que como argentinos no estamos invitados, ya que ni siquiera vamos a saber con exactitud quien es el que va a comprar, esta estipulado que las entidades financieras, los grandes grupos económicos como Black Rock (para englobar el tipo de empresas que vendrán a explotar) están analizando activos para la compra de tierras desde distintos entes y grupos financieros.

Mientras escribía este artículo pensaba en Peter Thiel, y sus eternas vacaciones que tuvo en nuestro país este año. El CEO de Palantir tiene un interés mucho más que profundo con el sur ártico, con aquellas “rocas congeladas” que mal dijo el Senador en representación de nuestra provincia Enzo Fullone, estamos entregando grandes extensiones que en lugar de servir a la humanidad y principalmente a nosotros los argentinos, van a estar a disposición para satisfacer las maquinarias de empresas cuyos fines no van a estar establecidos en nuestro porvenir, sino en seguir alimentando la maquinaria ficticia con la que se sostiene este presente.

El territorio de nuestro país es inmenso, está de más aclarar el alcance que tiene nuestro país; desde Purmamarca hasta Ushuaia abarcamos sin exagerar casi la mitad de Europa, por no decir la mitad de Europa. Ahora, que no contemos con la economía de un país europeo, ¿qué significa? Habla mal de nuestro país o habla mal de por ejemplo Bélgica que es más chico que la provincia de Chaco, o Liechtenstein que es una ciudad-estado y es más chica que la ciudad de Buenos Aires.

Argentina para Argentinos mencionan las campañas anti-inmigración, y se sigue repitiendo para hablar de aquellos inmigrantes que ocupan alrededor del 5% de nuestra carga impositiva. Ahora ¿cuál será el próximo slogan? Ya no solo gastaremos un bajísimo porcentaje que le brindamos a extranjeros, ahora directamente entregamos grandes concesiones de tierras que equivaldría al nivel de una provincia. Perdemos grandes propiedades de soberanía nacional y por ende, perdemos la dirección y utilización de los recursos, que siempre hay que recordar; el petróleo, los minerales y el agua son recursos finitos. La discusión a favor de la propiedad privada, de la cual absolutamente todos estamos a favor, no entra en esta ocasión.