
El senador libertario Enzo Fullone destacó el acuerdo entre Nación y la Provincia y aseguró que “Nación cumplió”. El traspaso abre una nueva etapa, pero también deja un interrogante inevitable: ¿Río Negro tendrá la capacidad de convertir las nuevas facultades en obras concretas?
El traspaso de las rutas nacionales 22 y 151 de la órbita nacional a Río Negro fue presentado por el senador libertario Enzo Fullone como una muestra concreta de federalismo y descentralización.
“Nación cumplió. Ahora Río Negro tiene las herramientas”, sostuvo el legislador, quien destacó la decisión del Gobierno nacional de delegar en la Provincia la administración de corredores estratégicos para la circulación y la producción rionegrina.
Sin embargo, detrás del anuncio político aparece una realidad bastante más compleja: recibir una ruta no significa automáticamente repararla.
El verdadero desafío comienza ahora
El acuerdo contempla un período de transición de al menos 60 días y una implementación diferenciada según la situación contractual de cada tramo.
Esto significa que la Provincia no tendrá desde el primer día libertad absoluta para intervenir sobre toda la extensión de las rutas 22 y 151.
Hay contratos vigentes, obras comprometidas y distintas situaciones administrativas que deberán ser ordenadas antes de avanzar.
Fullone sostuvo que el traspaso debería permitir acortar los tiempos de decisión y avanzar con la reparación y eventual concesión de los corredores.
Y allí está precisamente el punto central.
Durante años, los rionegrinos reclamaron por el deterioro de estas rutas. El estado de la 22 y la 151 no es una novedad ni apareció con este acuerdo.
Ahora, con la transferencia, la excusa de la falta de competencia nacional comienza a perder fuerza.
La responsabilidad será progresivamente provincial.
De la foto de la firma a la máquina trabajando
El senador destacó las gestiones realizadas desde su paso por el 20° Distrito de Vialidad Nacional, donde impulsó alternativas de concesión para resolver estructuralmente la situación.
También vinculó el traspaso con la política nacional de concesión y transferencia de corredores viales y mencionó que ya fueron otorgados los primeros 9.000 kilómetros y que se evalúa avanzar sobre otros 6.000 kilómetros.
Pero para los usuarios de las rutas, la discusión es mucho más sencilla.
No necesitan solamente anuncios, convenios ni discursos sobre federalismo.
Necesitan rutas transitables, banquinas seguras, señalización, iluminación donde corresponda, mantenimiento y obras que reduzcan los riesgos de accidentes.
La pregunta, entonces, ya no es quién tiene la responsabilidad.
La pregunta es cuándo comenzarán a verse los resultados.
Fullone pone la responsabilidad en Río Negro
El mensaje del senador fue claro: Nación tomó la decisión y ahora corresponde a la Provincia aprovechar las herramientas disponibles.
“Río Negro tiene las herramientas y la oportunidad de transformar esta transferencia en obras”, sostuvo.
La frase también puede leerse como una advertencia política.
Porque si el traspaso fue presentado como una solución para acelerar decisiones, Río Negro deberá demostrar que puede gestionar con mayor rapidez y eficiencia que el esquema anterior.
Y si dentro de algunos meses las rutas continúan deterioradas, el argumento del traspaso como solución perderá fuerza frente a la realidad cotidiana de quienes las utilizan.
El desafío es que la transferencia no quede en el papel
La transferencia de las rutas 22 y 151 puede convertirse en una oportunidad histórica para la Provincia.
Pero también puede transformarse en una nueva discusión sobre responsabilidades si las inversiones no llegan a tiempo.
Por eso, más que celebrar una firma, ahora comienza la etapa verdaderamente importante: planificar, conseguir financiamiento, definir prioridades, resolver los contratos existentes y ejecutar las obras.
Fullone lo resumió en una frase que, paradójicamente, coloca el desafío directamente sobre el Gobierno rionegrino:
“El desafío es que este acuerdo se traduzca rápidamente en planificación, inversión y obras”.
Ahora habrá que ver si las herramientas que llegaron desde Nación se convierten, finalmente, en asfalto, seguridad y soluciones concretas para los rionegrinos.
Porque después de tantos años de reclamos, la ruta no se arregla con una firma: se arregla con decisiones, recursos y máquinas trabajando.