
El deterioro de las rutas 22 y 151 no comenzó ayer ni puede explicarse únicamente por la falta de inversión nacional. Weretilneck y los gobiernos provinciales anteriores también deben responder: ¿qué hicieron durante años mientras las rutas se deterioraban?
El traspaso de las rutas nacionales 22 y 151 a Río Negro abre una nueva etapa, pero también obliga a mirar hacia atrás.
El gobernador Alberto Weretilneck presentó un plan, anunció obras, habló de financiamiento y pidió paciencia. La Provincia plantea ahora asumir progresivamente una responsabilidad que durante décadas estuvo principalmente en manos de Nación.
Pero hay una pregunta que resulta inevitable:
¿Quién se ocupó de reclamar de manera efectiva durante todos estos años?
Porque el deterioro de las rutas no apareció de un día para otro. Los pozos, las deformaciones, las banquinas deterioradas y los problemas de seguridad vial llevan años acumulándose.
Y durante buena parte de ese tiempo, Weretilneck estuvo al frente del Gobierno provincial.
La responsabilidad en Nación
Es cierto que las rutas nacionales dependen de Nación y que durante los últimos años la inversión vial nacional se redujo considerablemente. Una desición que paro la obra pública Nacional repercute en Rio Negro
Pero utilizar ese argumento como explicación única sería demasiado cómodo.
Durante los años en que las rutas se deterioraban, Río Negro tuvo gobernadores, legisladores, funcionarios y representantes nacionales que conocían perfectamente el problema.
Hubo reclamos, anuncios, reuniones y pedidos.
Pero la pregunta que todavía no tiene una respuesta contundente es:
¿Qué resultados concretos consiguió la Provincia antes de que las rutas llegaran al estado actual?
La política rionegrina no puede descubrir el problema recién ahora que tiene que asumir la responsabilidad.
Weretilneck fue gobernador antes de ser el “nuevo responsable”
Hay un dato político que no debería olvidarse.
Weretilneck gobernó Río Negro entre 2012 y 2019 y volvió a ocupar la Gobernación desde 2023.
Por lo tanto, no puede presentarse exclusivamente como un espectador de la historia vial de la provincia.
Durante años tuvo la máxima responsabilidad política de Río Negro.
Y si hoy sostiene que las rutas están destruidas, la pregunta también debería dirigirse hacia su propia gestión:
¿Qué hizo su gobierno durante esos períodos para evitar que llegaran a este punto?
La misma pregunta corresponde hacerles a los gobiernos provinciales que lo precedieron y a quienes ocuparon cargos ejecutivos y legislativos durante todo este proceso.
El problema histórico
La llegada del Gobierno de Javier Milei profundizó la discusión por la paralización o reducción de obras nacionales.
Pero sería un error histórico atribuirle al actual Gobierno nacional todo el deterioro acumulado.
Las rutas 22 y 151 ya presentaban problemas importantes antes de diciembre de 2023.
Y la Ruta 151, en particular, lleva años siendo escenario de reclamos de vecinos, transportistas, productores y autoridades.
Por eso, la discusión debe ser mucho más amplia.
Nación tiene responsabilidades. La Provincia también.
Y la dirigencia rionegrina debe dejar de utilizar las rutas como escenario para una pelea permanente entre jurisdicciones y comenzar a explicar qué hizo cada gobierno, cuánto se invirtió y qué quedó pendiente.
¿Dónde está la plata?
Aquí aparece la pregunta más incómoda.
Los argentinos pagan impuestos sobre los combustibles y durante años existieron recursos destinados al sistema vial.
Entonces, si las rutas están destruidas, corresponde saber:
- ¿Cuánto dinero se recaudó durante los últimos años?
- ¿Cuánto recibió efectivamente Río Negro?
- ¿Cuánto se invirtió en las rutas 22 y 151?
- ¿Qué obras fueron contratadas?
- ¿Cuánto se pagó?
- ¿Qué obras quedaron inconclusas?
- ¿Qué contratos siguen vigentes?
- ¿Cuánto dinero falta para terminar lo que ya fue comprometido?
La sociedad merece una rendición de cuentas completa, no solamente un nuevo anuncio.
Ahora Río Negro tendrá que demostrar
El Gobierno provincial sostiene que el traspaso permitirá ganar autonomía.
Perfecto.
Pero la autonomía también significa asumir responsabilidades.
Si Río Negro pidió administrar las rutas, ahora tendrá que demostrar que puede hacer aquello que durante años reclamó que hiciera Nación.
El anuncio de un crédito de aproximadamente US$60 millones puede ser un punto de partida, pero también implica una pregunta sobre el futuro: ¿quién pagará esa deuda y cuánto costará finalmente recuperar los corredores?
Y si además se analiza un esquema de concesiones y peajes, los usuarios podrían terminar pagando nuevamente por circular por rutas que ya financiaron indirectamente durante décadas mediante impuestos.
La memoria política también cuenta
Hay algo que la discusión pública no debería permitir:
que cada gobierno llegue y explique el deterioro como si hubiera heredado un problema sin historia.
Las rutas tienen memoria.
Los gobiernos también.
Y los ciudadanos recuerdan que durante años hubo promesas de reparación, anuncios de obras y compromisos que muchas veces no llegaron a concretarse.
Por eso, el desafío de Weretilneck no es solamente conseguir los fondos y reparar las rutas.
También es demostrar que esta vez el resultado será diferente.
Porque si durante años Nación fue responsable de no arreglar las rutas, y ahora la Provincia asume esa responsabilidad, entonces llegó el momento de que alguien explique con claridad qué se hizo, qué se pagó, qué quedó pendiente y por qué los rionegrinos terminaron transitando rutas cada vez más deterioradas.
Menos anuncios, más resultados
Río Negro necesita rutas seguras.
No necesita otra guerra de comunicados entre Nación y Provincia.
Necesita transparencia sobre los recursos, claridad sobre los contratos y un cronograma público de obras.
Weretilneck tiene ahora una oportunidad concreta para demostrar gestión.
Pero también tiene una obligación política: no presentar como un problema completamente ajeno una realidad que su propio gobierno conoció durante años.
Porque las rutas 22 y 151 no se deterioraron en una sola gestión.
Se deterioraron mientras pasaron gobiernos.
Y ahora que la Provincia decidió hacerse cargo, los rionegrinos tienen derecho a exigir algo muy sencillo:
menos anuncios, menos excusas y más rutas en condiciones.