RÍO NEGRO EN ALERTA: crisis en Salud, renuncias en cadena y fuerte desgaste político del gobierno de Alberto Weretilneck

La crisis en el sistema público de salud de Río Negro alcanzó un nuevo punto crítico este martes, con una seguidilla de renuncias que expone no solo el deterioro estructural del sector, sino también el creciente desgaste político del gobierno provincial. La salida del viceministro Sergio Wisky —histórico aliado del oficialismo— marca un quiebre significativo en la conducción sanitaria.

Wisky se convirtió en el segundo secretario en abandonar la cartera en poco tiempo, tras la renuncia de Leonardo Gil, profundizando un escenario de inestabilidad interna que golpea de lleno al Ministerio de Salud.

Un sistema al borde del colapso

Desde el gremio ASSPUR advirtieron que las renuncias no son hechos aislados, sino la consecuencia directa de una crisis estructural que arrastra el sistema sanitario provincial desde hace años, ahora agravada por la falta de respuestas políticas.

Hospitales clave en ciudades como San Carlos de Bariloche, Viedma, Cipolletti, Fernández Oro, Ingeniero Jacobacci y Maquinchao quedaron en los últimos días sin parte de sus equipos de conducción, evidenciando un efecto dominó que compromete seriamente la gestión hospitalaria.

“Estamos ante salarios de pobreza, falta de personal, sobrecarga laboral y ausencia de políticas sanitarias eficaces”, denunciaron desde el sindicato, señalando que el sistema hoy se sostiene en condiciones de extrema precariedad: pluriempleo, jornadas extendidas y falta de insumos básicos.

Reclamos y cuestionamientos al ministro

La secretaria gremial, Marisa Albano, fue contundente al responsabilizar al ministro de Salud, Demetrio Thalasselis, por la situación actual.

“La salud pública es un desastre por donde se la mire”, afirmó, y cuestionó la reestructuración impulsada por el funcionario, a quien acusó de desconocer el funcionamiento del sistema público. También criticó las políticas de modernización y digitalización implementadas “sin recursos humanos ni condiciones reales”.

Desde ASSPUR incluso reclamaron la renuncia del ministro, planteando la necesidad de una decisión política urgente por parte del gobernador para “recuperar un sistema que ha sido destrozado”.

Seguridad y salud: un doble frente de crisis

La crisis sanitaria se suma a un contexto más amplio de creciente preocupación en materia de seguridad, donde también se evidencian tensiones políticas y cuestionamientos a la gestión provincial. La falta de respuestas integrales en ambas áreas clave comienza a configurar un escenario de debilitamiento del gobierno.

La salida de figuras cercanas al oficialismo como Wisky deja al descubierto una pérdida de cohesión interna y abre interrogantes sobre la capacidad del Ejecutivo para sostener su estructura política en medio de la tormenta.

Un gobierno bajo presión

Con hospitales desbordados, profesionales agotados y una conducción en retirada, la crisis en Salud ya no puede leerse como un conflicto sectorial, sino como un síntoma de un problema más profundo: la dificultad del gobierno de Alberto Weretilneck para dar respuestas efectivas en áreas sensibles.

En un año atravesado por tensiones sociales y demandas crecientes, la crisis sanitaria podría convertirse en el punto de inflexión de una gestión cada vez más cuestionada.