
Después de más de una década de sequía, las precipitaciones registradas durante 2026 permitieron recuperar lagunas, arroyos y aguadas en distintos puntos de Río Negro. Sin embargo, el exceso de agua provocó desbordes, cortes de rutas y dificultades para la circulación en zonas rurales.
La Región Sur de Río Negro atraviesa un escenario marcado por el contraste. Las intensas lluvias registradas durante este año trajeron alivio a los productores ganaderos, que durante años sufrieron las consecuencias de la sequía, pero también generaron complicaciones en la infraestructura vial y dejaron comunidades con dificultades de acceso.
En distintos sectores de la región, las precipitaciones acumuladas superaron los 250, 350 y hasta 450 milímetros, con registros extraordinarios para algunas localidades. El agua permitió recuperar fuentes naturales que permanecían secas desde hacía años y renovó las expectativas para la producción ganadera.
Lagunas y arroyos vuelven a recuperar sus niveles
Uno de los casos más significativos es el de la laguna Carrilaufquen Chica, ubicada a unos 15 kilómetros de Ingeniero Jacobacci, que se había secado en 2014 y volvió a recibir agua durante este año.
Según datos del Departamento Provincial de Aguas (DPA), el arroyo Maquinchao llegó a registrar picos de caudal de hasta 3.000 litros por segundo, reflejando la magnitud de las precipitaciones.
Una situación similar se observa en la laguna Ñe Luan, ubicada a unos 30 kilómetros de Maquinchao. Su nivel aumentó más de cuatro metros en lo que va de 2026 y, durante los últimos días, el agua llegó a cubrir el muelle y superó una marca histórica registrada en 1986.
La recuperación de estos espejos de agua representa una señal alentadora para los productores, que necesitan contar con aguadas y fuentes naturales para sostener la actividad ganadera después de años de condiciones climáticas adversas.

Cortes de rutas y caminos rurales anegados
Mientras las lluvias renuevan las expectativas del sector productivo, el importante volumen de agua también genera dificultades para circular.
Las rutas provinciales N.º 5, 6, 8 y 72, junto con la Ruta Nacional 23, registraron complicaciones por el escurrimiento y la acumulación de agua.
Uno de los sectores más afectados fue el antiguo puente sobre el arroyo Nahuel Niyeu, en la Ruta Nacional 23, donde el tránsito permaneció interrumpido durante aproximadamente 24 horas hasta que se logró restablecer la circulación.
Además, las precipitaciones dificultaron el acceso a las comisiones de fomento de El Caín, Pilquiniyeu, Comicó, Prahuaniyeu y Colán Conhué. Los trabajos de operarios de Vialidad Rionegrina permitieron recuperar la transitabilidad en distintos sectores.
En los caminos rurales, la situación continúa siendo compleja. La saturación del suelo impide realizar reparaciones inmediatas en varios puntos, por lo que será necesario esperar mejores condiciones para el ingreso de maquinaria y la ejecución de los trabajos.
Monitoreo de ríos y arroyos
Ante el aumento de los caudales, técnicos del Departamento Provincial de Aguas realizan tareas de seguimiento y monitoreo en distintos cursos de agua.
En localidades como Maquinchao, Ingeniero Jacobacci, Pilcaniyeu, Comallo y Valcheta se registran caudales elevados y, en algunos sectores, desbordes que mantienen en alerta a las comunidades.
El seguimiento de estas condiciones resulta fundamental para anticipar posibles complicaciones y evaluar la evolución de los cursos de agua frente a nuevas precipitaciones.
Una oportunidad productiva con desafíos para la región
Las lluvias representan un cambio significativo para una región que sufrió durante más de diez años la falta de agua. La recuperación de aguadas y lagunas abre nuevas expectativas para la ganadería y para las comunidades rurales que dependen de esa actividad.
Sin embargo, el exceso de precipitaciones también expone las dificultades de una infraestructura vial que debe garantizar la conectividad en un territorio extenso, donde los caminos son esenciales para trasladar la producción, acceder a servicios y mantener comunicadas a las poblaciones.
La Región Sur enfrenta así una paradoja: el agua que devuelve la esperanza al campo también pone a prueba las rutas, los caminos y la capacidad de respuesta ante las contingencias climáticas.