
“Hay mucho malestar que a veces no se expresa porque hay presión. Hay persecución judicial”. La frase de la ex gobernadora Arabela Carreras no sólo describe el clima que, según ella, atraviesa actualmente Juntos Somos Río Negro. También funciona como una radiografía de un oficialismo que, tras más de una década en el poder, comienza a exhibir signos evidentes de desgaste, fracturas internas y dificultades para sostener el consenso que supo construir.
Las declaraciones de Carreras llegan en un momento particularmente sensible para el gobierno de Alberto Weretilneck. La reciente salida de los legisladores Marcela Abdala y Daniel Sanguinetti del bloque oficialista dejó al descubierto tensiones que desde hace tiempo circulaban en voz baja dentro de la estructura partidaria. Sin embargo, lo que hasta ahora aparecía como rumores o comentarios reservados, fue puesto en palabras por quien gobernó la provincia entre 2019 y 2023.
Lejos de tratarse de una diferencia puntual o de una disputa personal, el planteo de Carreras apunta al corazón del modelo político que hoy conduce Río Negro. La ex mandataria describe una estructura cada vez más cerrada, con escasos espacios para la discusión interna y donde la lealtad parece haber reemplazado al debate de ideas como principal requisito para formar parte del esquema de poder.
Una gestión cuestionada por sus propios protagonistas
Uno de los aspectos más llamativos de sus declaraciones es que las críticas no provienen de la oposición tradicional, sino de una dirigente que fue una de las principales figuras del propio oficialismo durante años.
Carreras sostuvo que existen áreas de la gestión provincial que atraviesan situaciones críticas y utilizó como ejemplo el sistema de salud pública. Las denuncias de pacientes internados durante largos períodos sin acceso adecuado a servicios básicos como calefacción, agua o electricidad representan, según afirmó, una señal alarmante sobre el deterioro de sectores esenciales del Estado.
La inseguridad también apareció entre sus cuestionamientos. Aunque reconoció la falta de estadísticas actualizadas, consideró que la percepción social refleja un incremento en la gravedad de los delitos y una creciente preocupación ciudadana frente a fenómenos que años atrás no tenían la misma magnitud.
Las observaciones adquieren especial relevancia porque provienen de alguien que conoce el funcionamiento interno del gobierno y que formó parte del proceso político que hoy cuestiona.
El miedo como mecanismo de disciplinamiento
Quizás el punto más delicado de sus declaraciones sea la denuncia de un supuesto clima de persecución hacia quienes expresan diferencias con la conducción provincial.
Carreras afirmó que existe temor entre funcionarios, dirigentes e incluso integrantes del propio gabinete para manifestar públicamente opiniones críticas. Según su visión, cualquier gesto de disidencia puede derivar en denuncias judiciales, campañas de desprestigio o exposición mediática promovida desde sectores cercanos al poder.
La acusación es grave porque trasciende la disputa partidaria y plantea interrogantes sobre la calidad institucional dentro del espacio gobernante. Cuando quienes integran una misma fuerza política sienten que cuestionar decisiones puede generar consecuencias personales o profesionales, el problema deja de ser una simple diferencia de criterios para transformarse en una cuestión vinculada al funcionamiento democrático de las organizaciones políticas.
Si la crítica interna desaparece, también desaparecen los mecanismos de corrección de errores. Los gobiernos comienzan a escuchar únicamente aquello que desean escuchar y terminan alejándose de los problemas reales que afectan a la sociedad.
El “triángulo de hierro” y la concentración del poder
La ex gobernadora fue aún más lejos al señalar que el proceso de toma de decisiones se encuentra cada vez más concentrado alrededor de un reducido núcleo de poder.
Según describió, las decisiones estratégicas estarían condicionadas por un círculo extremadamente pequeño de personas con acceso directo e influencia permanente sobre Weretilneck. Esa situación habría reducido significativamente la posibilidad de incorporar otras miradas, experiencias o diagnósticos sobre la realidad provincial.
La historia política argentina ofrece numerosos ejemplos de gobiernos que, tras largos períodos en el poder, comenzaron a encerrarse sobre sí mismos. La concentración de decisiones, la reducción de voces críticas y el aislamiento progresivo respecto de la sociedad suelen ser síntomas frecuentes de los ciclos políticos que ingresan en etapas de agotamiento.
Las declaraciones de Carreras sugieren que Juntos Somos Río Negro podría estar atravesando precisamente ese proceso.
Quince años de poder y el desafío del desgaste
Uno de los mayores activos políticos de JSRN ha sido su capacidad para construir una identidad provincial fuerte y diferenciarse de las estructuras nacionales. Esa estrategia le permitió gobernar Río Negro durante casi quince años consecutivos.
Sin embargo, el paso del tiempo también genera costos.
Cuando una fuerza política permanece demasiado tiempo en el poder, los problemas de gestión comienzan a confundirse con los problemas estructurales del Estado. La renovación de ideas se vuelve más difícil y la ciudadanía empieza a exigir respuestas distintas frente a desafíos que persisten año tras año.
En ese contexto, las críticas formuladas por Carreras adquieren una dimensión política mayor. No se trata únicamente de una dirigente que decidió alejarse del partido. Se trata de una ex gobernadora que advierte sobre síntomas de agotamiento dentro de la fuerza que ella misma ayudó a consolidar.
¿El inicio de una nueva etapa política?
La dirigente evitó profundizar sobre estrategias electorales futuras, pero dejó una definición contundente: considera que la oposición tiene posibilidades reales de disputar el poder en 2027.
La afirmación resulta significativa porque durante años Juntos Somos Río Negro construyó una posición de predominio político que parecía difícil de desafiar. Hoy, sin embargo, el escenario comienza a mostrar fisuras.
La crisis económica, las dificultades de gestión, el malestar social y las tensiones internas podrían configurar un contexto diferente al de elecciones anteriores.
Todavía falta mucho para los próximos comicios, pero las declaraciones de Carreras exponen una realidad inocultable: por primera vez en muchos años, los cuestionamientos más duros al oficialismo ya no llegan únicamente desde afuera. Empiezan a surgir desde el propio corazón del proyecto político que gobierna Río Negro.