
El escenario político de Río Negro atraviesa un momento de fuerte tensión interna. El vicegobernador Pedro Pesatti confirmó públicamente su ruptura con el oficialismo provincial, marcando un quiebre que, lejos de ser coyuntural, expone una fractura profunda en el entramado político que sostiene a Juntos Somos Río Negro.
«Estoy fuera del oficialismo. No por una decisión propia, sino porque ha habido una decisión claramente marcada del gobernador», sostuvo Pesatti, señalando directamente a Alberto Weretilneck como el responsable de su desplazamiento político.
Un quiebre anunciado
La distancia entre ambos dirigentes no es nueva, pero en las últimas semanas tomó un carácter definitivo. La exclusión de Pesatti de la lista de candidatos al Senado fue el punto de inflexión. Según el propio vicegobernador, fue “vetado” por sus ideas, lo que interpretó como una señal clara de que ya no forma parte del núcleo de decisiones del gobierno.
El dirigente, con fuerte anclaje en el peronismo rionegrino, dejó entrever que la actual conducción del espacio ha mutado hacia una lógica más cerrada y concentrada. «Hay un proyecto de poder, pero no necesariamente un proyecto político», expresó con un tono que mezcla decepción y advertencia.
Esa frase no es menor: en ella se condensa una crítica estructural al rumbo del oficialismo. Para Pesatti, el espíritu fundacional de Juntos —basado en la integración territorial y social de una provincia extensa y diversa— se encuentra hoy debilitado.
Institucionalidad sin ruptura, pero con tensión política
A pesar del distanciamiento, el vicegobernador fue enfático en diferenciar la crisis política de la institucional. Aseguró que la Legislatura provincial continuará funcionando con normalidad y que no existe un conflicto que ponga en riesgo la gobernabilidad.
Sin embargo, esa estabilidad formal convive con una interna que reconfigura el mapa político provincial. La figura de Pesatti, que representa a un sector importante del peronismo dentro del oficialismo, queda ahora en una posición incómoda: dentro de la estructura institucional, pero fuera del armado político.
Críticas al modelo nacional de Javier Milei
El análisis de Pesatti no se limita a la provincia. En su mirada, la crisis política local se inscribe en un contexto nacional más amplio, marcado por el rumbo económico del gobierno de Javier Milei.
El vicegobernador advirtió sobre una “fractura social” en crecimiento y cuestionó el enfoque del Ejecutivo nacional, al que acusó de priorizar variables macroeconómicas en detrimento de la vida cotidiana de los ciudadanos.
«El mercado puede crecer, pero no distribuye. El Estado tiene que intervenir donde el mercado no llega», sostuvo. Para explicar su postura, utilizó una metáfora gráfica: desarrollar solo un sector de la economía sin atender el resto equivale a fortalecer un brazo mientras el resto del cuerpo permanece débil.
En esa línea, criticó la desaparición del concepto de “desarrollo” del debate público, reemplazado —según su visión— por una mirada reducida a indicadores financieros.
El riesgo de una fractura social
Pesatti planteó una preocupación central: el impacto social del ajuste económico. Según su análisis, el país atraviesa un momento límite, en el que amplios sectores enfrentan dificultades crecientes para sostener condiciones de vida dignas.
Jubilados que no acceden a medicamentos, trabajadores que pierden su empleo y una economía cotidiana deteriorada forman parte de un escenario que, según advirtió, puede derivar en una crisis más profunda.
A esto se suma, señaló, la falta de planificación frente a transformaciones estructurales como el avance de la inteligencia artificial. «Es como saber que viene una inundación y no construir defensas», graficó.
También cuestionó herramientas como el RIGI, al plantear que la seguridad jurídica para inversiones no puede sostenerse sin una base de seguridad social.
Nación, comunidad y vínculos en crisis
En uno de los tramos más conceptuales de su análisis, Pesatti introdujo una distinción entre “país” y “nación”. Mientras el primero remite a lo material, la segunda se construye —según explicó— a partir de vínculos, afectos y cohesión social.
«Una nación no se construye con dinero, sino con relaciones humanas de calidad», afirmó, en una crítica directa a lo que denominó un “modelo de la crueldad”.
Para el vicegobernador, la crisis actual no es solo económica, sino también social y cultural: una ruptura en los lazos que sostienen la convivencia.
Río Negro: entre el potencial y la incertidumbre
En relación a la provincia, Pesatti reconoció avances en materia de inversiones, especialmente en sectores estratégicos como la energía y la minería. Proyectos vinculados al gas, el petróleo y el desarrollo en Sierra Grande posicionan a Río Negro como un actor relevante en el escenario productivo.
No obstante, advirtió que ese crecimiento convive con tensiones derivadas del contexto nacional. La pérdida de competitividad turística, el costo de la energía y la falta de políticas de desarrollo equilibrado son algunos de los desafíos señalados.
También puso en valor la diversidad productiva provincial —fruticultura, ganadería, turismo, industria y tecnología— destacando el rol de empresas como INVAP como símbolo de un modelo basado en el conocimiento y la innovación.
Un mensaje político con proyección
El posicionamiento de Pesatti no solo expresa una ruptura interna: también abre interrogantes sobre el futuro político de Río Negro. Su discurso, con fuerte contenido ideológico y territorial, busca interpelar tanto al oficialismo como a la sociedad.
La pregunta que queda flotando es si esta fractura derivará en una reconfiguración del escenario político o si, por el contrario, se tratará de un reacomodamiento dentro de los márgenes del poder actual.
Por lo pronto, el vicegobernador dejó en claro que su lugar ha cambiado. Y que ese cambio no es menor: es la señal de una disputa más profunda sobre el rumbo político, económico y social de la provincia y del país.