
La política suele ser injusta con quienes administran bien y generosa con quienes construyen poder. Son pocas las veces en que ambas condiciones coinciden en una misma figura. En Choele Choel, ese fenómeno parece tener nombre y apellido: Diego Ramello.
A seis años de haber llegado al gobierno municipal, el intendente atraviesa una situación tan singular como compleja. Probablemente sea uno de los dirigentes con mejor valoración de gestión en el Valle Medio y, al mismo tiempo, uno de los que enfrenta mayores incógnitas sobre su futuro político.
La paradoja es evidente: cuanto más crece su reconocimiento como administrador, más difuso parece el camino de su construcción política.
El dirigente que surgió cuando la sociedad pidió un cambio
Para comprender el presente hay que volver a 2019.
En aquel momento Choele Choel vivía una situación de desgaste institucional. La sociedad demandaba una renovación de prácticas políticas, una administración más ordenada y una gestión capaz de recuperar la confianza ciudadana.
En ese contexto emergió Diego Ramello. No era el candidato natural de todos los sectores de Juntos Somos Río Negro. De hecho, hubo otros dirigentes que aspiraban a representar al oficialismo provincial, entre ellos Gustavo Altamiranda y Natalia Rodríguez.
Sin embargo, Alberto Weretilneck terminó inclinando la balanza a favor de Ramello. Aquella decisión resultó acertada en términos electorales, aunque los números dejaron una advertencia que pocos analizaron en profundidad.
La lista de concejales obtuvo mejor desempeño que el propio candidato a intendente. Era una señal clara: la ciudadanía respaldaba el cambio político, pero todavía observaba con cautela a quien conduciría el municipio.
Con el tiempo, esa desconfianza desapareció. Y desapareció por una razón sencilla: la gestión.
Gobernar cuando todo se derrumba
Los primeros años fueron cualquier cosa menos tranquilos. La salida de Cecilia Cornejo de la presidencia del Concejo Deliberante y posteriormente la renuncia de Mauricio Doric al frente de la Secretaría de Gobierno alteraron completamente el esquema político original. El oficialismo tuvo que rearmarse sobre la marcha. Y cuando comenzaba a estabilizarse llegó la pandemia.
Choele Choel se convirtió en una de las primeras ciudades argentinas en experimentar un aislamiento sanitario estricto mediante un cordón sanitario que impactó profundamente sobre la vida económica y social de toda la región. Aquella experiencia dejó heridas políticas, económicas y humanas.
Sin embargo, la administración municipal logró sostener el funcionamiento del Estado local y continuar con un proceso silencioso que terminaría transformándose en el principal activo político de Ramello: el ordenamiento administrativo.
La gestión como bandera
Hay dirigentes que construyen poder desde el discurso. Ramello construyó legitimidad desde los números. La recuperación financiera del municipio, la reorganización administrativa y la reconstrucción progresiva del parque automotor municipal marcaron una diferencia respecto de etapas anteriores.
Quienes conocen el funcionamiento interno del municipio recuerdan una situación crítica al inicio de la gestión: gran parte de la maquinaria y los vehículos se encontraban fuera de servicio, las cuentas municipales atravesaban dificultades y el margen operativo era limitado.
Con el trabajo de Javier De Godos y del equipo económico municipal comenzó un proceso de saneamiento que hoy incluso es reconocido por sectores opositores.
Parte de la consolidación de la imagen positiva del intendente también encuentra explicación en una serie de políticas públicas que trascendieron la administración cotidiana y lograron generar un vínculo directo con distintos sectores de la comunidad.
La recuperación integral del Parque San Martín devolvió a la ciudad uno de sus principales espacios públicos de encuentro, mientras que la Fiesta Provincial del Folklore y la Familia fue reposicionada como un evento de referencia regional, con espectáculos de nivel nacional e incluso internacional que volvieron a colocar a Choele Choel en el centro de la agenda cultural del Valle Medio. A ello se suman programas de fuerte impacto comunitario como “Municipio en tu Barrio”, que acercó servicios y atención municipal a distintos sectores de la ciudad; el sostenimiento del plan de castraciones, reconocido por su alcance territorial; la modernización de los sistemas de cobro y pago de tributos municipales; el mantenimiento y puesta en valor de la Isla 92 como espacio recreativo; la consolidación del predio de productores regionales y la feria local, que incorporó servicios innovadores como los termos comunitarios de agua caliente, únicos en la región; y la renovación de la plaza del barrio Las Bardas, una obra que fortaleció la infraestructura urbana y los espacios de convivencia social.
Estas iniciativas contribuyeron a construir una gestión con fuerte presencia en la vida cotidiana de los vecinos, combinando orden administrativo con intervenciones visibles en el espacio público y comunitario.
Así mismo a gestión logró avanzar sobre obras financiadas con recursos propios, una rareza en tiempos donde la mayoría de los municipios dependen casi exclusivamente de aportes provinciales o nacionales.
La remodelación integral del Gimnasio Municipal, la pavimentación de las avenidas San Martín y Don Bosco, las intervenciones en Barrio Maldonado y Villa Unión Sur, el cordón cuneta, el bacheo urbano y diversas mejoras de infraestructura consolidaron una imagen asociada a la capacidad de gestión.
En términos administrativos, pocos discuten que Choele Choel exhibe hoy uno de los municipios más ordenados de la provincia. Se suman a esta bandera, un concejo deliberante dependiente de las desiciones del ejecutivo sin capacidad propia de gestion legislativa, con una oposición responsable de permitir gobernabilidad.
La distancia con Weretilneck
Pero mientras la gestión crecía, comenzó a aparecer otro fenómeno. Ramello dejó de ser solamente un intendente de Juntos Somos Río Negro. Comenzó a transformarse en un dirigente con identidad propia.
Y ese proceso inevitablemente genera tensiones. Durante años Alberto Weretilneck construyó una estructura política basada en la centralidad provincial y en una relación directa con los gobiernos locales.
Muchos intendentes crecieron bajo ese paraguas. Pero pocos lograron desarrollar autonomía política real.
Ramello parece haber iniciado ese camino. Por eso no pasó inadvertida su ausencia en la reciente asunción de Rodrigo Buteler al frente de Juntos Somos Río Negro.
Tampoco pasó inadvertida la ausencia de gran parte de su núcleo político más cercano. Mientras otros dirigentes provinciales mostraban alineamiento con la nueva conducción partidaria, el jefe comunal de Choele Choel optó por mantenerse al margen de una jornada que el propio oficialismo calificó como histórica.
La señal política fue clara. Y las interpretaciones comenzaron inmediatamente.
El factor Soria
En los últimos meses comenzaron a multiplicarse versiones sobre un eventual acercamiento entre Ramello y el espacio político de María Emilia Soria.
No existen acuerdos públicos ni definiciones formales.
Pero en política muchas veces los rumores aparecen cuando comienzan a existir intereses comunes.
Algunos analistas sostienen que una eventual estrategia conjunta podría incluir la unificación de elecciones municipales y provinciales como mecanismo para construir una alternativa al esquema político que hoy lidera Weretilneck. Otros creen que se trata simplemente de conversaciones preliminares propias de un escenario político que todavía está lejos de definirse.
Lo cierto es que el nombre de Ramello ya aparece mencionado en ámbitos políticos que trascienden largamente los límites de Choele Choel. Y eso representa una novedad.
El legislador que muchos imaginan
Si finalmente decidiera dar el salto provincial, los escenarios parecen relativamente claros.
Su nivel de conocimiento regional, la valoración positiva de su gestión y la ausencia de figuras fuertes en algunos sectores del Valle Medio lo convierten en un potencial candidato competitivo para una banca legislativa.
Ya sea por circuito o mediante una lista sábana, su nombre aparece recurrentemente en las conversaciones políticas.
De concretarse esa posibilidad, entraría inevitablemente en competencia con otros dirigentes regionales que aspiran a ocupar espacios de representación.
Entre ellos surge el nombre del intendente de Lamarque, Sergio Hernández.
Y allí aparece otra diferencia importante.
Mientras Hernández enfrenta cuestionamientos vinculados a su gestión y a conflictos políticos internos, Ramello llega con un activo difícil de encontrar en la política actual: una imagen asociada al orden administrativo y a la ejecución de obras.
El problema que todavía no resolvió
Pero quizás la mayor debilidad de Ramello no esté afuera. Está dentro de su propio espacio. La gran pregunta que nadie logra responder es quién continúa después de Ramello.
La gestión construyó administración. Construyó obra pública. Construyó orden.
Lo que no logró construir con la misma eficacia fue una sucesión política. No aparece hoy una figura de su gabinete con niveles de conocimiento, territorialidad o liderazgo suficientes para garantizar continuidad. Y esa ausencia revela una limitación importante.
Mientras se fortalecía el municipio, se debilitaba la construcción política.
Mientras crecían las obras, disminuía la generación de nuevos liderazgos.
Mientras mejoraban los números, no aparecían herederos.
El gran interrogante del Valle Medio
Hoy Diego Ramello representa probablemente el dirigente político con mayor proyección regional del Valle Medio.
Sin embargo, la principal debilidad política de Diego Ramello podría encontrarse precisamente donde más fuerte parece su liderazgo. A lo largo de estos años, la gestión municipal consolidó una imagen positiva fuertemente asociada a la figura del intendente, pero no logró proyectar dirigentes con volumen político propio capaces de disputar la continuidad del proyecto.
La centralización del liderazgo terminó convirtiendo a Ramello en el principal activo electoral del oficialismo local, pero también en su principal dependencia. Ninguno de los integrantes de su gabinete o del círculo político más cercano ha logrado construir niveles significativos de conocimiento o imagen positiva dentro de la comunidad.
En términos políticos, la gestión parece haber fortalecido a Ramello, pero no necesariamente al ramellismo. Esa situación abre un interrogante de cara a 2027:
¿puede sobrevivir el proyecto político sin su principal figura o el capital electoral acumulado durante estos años depende exclusivamente de la presencia de Diego Ramello en la boleta?
Su gestión lo convirtió en una referencia.
Su autonomía lo transformó en una incógnita.
Y su futuro puede modificar buena parte del mapa político rionegrino.
La pregunta ya no es si tiene futuro político. La pregunta es dónde.
¿Seguirá dentro de Juntos Somos Río Negro?
¿Construirá un puente con el sorismo?
¿Buscará una representación legislativa?
¿Creará una referencia regional propia?
Lo único seguro es que el tiempo de las definiciones se acerca.
Y cuando Ramello finalmente decida hacia dónde caminar, no será solamente Choele Choel quien observe ese movimiento. Será toda la política rionegrina.