Editorial: La Foto y un discurso.

Por, Nahuel Navarro.

A seis años de aquel discurso inaugural de Diego Ramello, la política del Valle Medio parece haber entrado en una etapa donde las viejas diferencias ideológicas y los cuestionamientos públicos quedan subordinados a una lógica mucho más pragmática: la construcción de poder rumbo al 2027.

La reciente imagen compartida entre Diego Ramello, Daniel Belloso, Sergio Hernández y María Emilia Soria no fue una foto casual ni institucional. Fue una postal política cargada de mensajes, tensiones y posibles acuerdos.

En 2020, Ramello construyó gran parte de su legitimidad política sobre una fuerte crítica a la gestión anterior de Daniel Belloso. Hablaba de “recuperar el municipio”, de transparentar las cuentas, de ordenar el Estado y terminar con la “dilapidación de recursos”. Su discurso estaba cargado de símbolos de ruptura: limpieza de la ciudad, modernización administrativa, seguridad, planeamiento urbano y recuperación institucional. El mensaje era claro: había un nuevo ciclo político en Choele Choel.

Pero también desde el inicio aparecían las críticas de la oposición del Frente de Todos, que denunciaba un gobierno “vacío de contenido”, con aumento de cargos políticos, contrataciones cuestionadas y falta de transparencia. Aquellas acusaciones, que en ese momento parecían parte del clásico enfrentamiento entre oficialismo y oposición, hoy adquieren otra lectura cuando quienes se señalaban mutuamente aparecen compartiendo estrategia y escenario político.

La foto en Lamarque durante el aniversario de la localidad tiene un peso simbólico mucho más profundo que una simple coincidencia institucional. Porque allí confluyen dirigentes atravesados por fuertes cuestionamientos públicos: Sergio Hernández, en un contexto donde Lamarque quedó marcada por reiterados hechos vinculados a inseguridad, narcotráfico y la desaparición de Kevin Hernández; Daniel Belloso, con el peso político y judicial de la causa Techo Digno; y Diego Ramello, quien durante años edificó su perfil justamente diferenciándose de ese modelo de gestión.

En el medio aparece María Emilia Soria, probablemente la dirigente con mayor volumen político dentro del peronismo rionegrino actual. Su presencia ordena la escena. Soria no solo busca ser candidata a gobernadora en 2027, sino convertirse en la figura capaz de reunificar a un peronismo fragmentado, golpeado por derrotas electorales y sin una conducción clara desde hace años.Y allí es donde la foto cobra sentido estratégico.

Porque el peronismo rionegrino parece haber entendido que, ante el avance de nuevos espacios políticos y la fragmentación provincial, necesita dejar atrás las disputas locales para reconstruir una estructura territorial competitiva. En esa lógica, Ramello podría representar algo clave: un dirigente con gestión, nivel de conocimiento regional y capacidad de captar sectores independientes o desencantados que antes rechazaban al PJ tradicional.

Sin embargo, esa posible reconfiguración política abre otro interrogante profundo: ¿qué lugar ocupará el radicalismo que acompañó y sostiene gran parte de la estructura política de Ramello? No es un dato menor. Buena parte del equipo político y técnico que llegó al gobierno municipal con Ramello tiene raíces en la Unión Cívica Radical. Incluso dentro del Concejo Deliberante esa impronta sigue siendo visible. Dos de los tres concejales oficialistas provienen del radicalismo: la presidenta del Concejo, Silvana Udovich, y Ana María Zuain, exconcejal de la UCR y actual edil por Juntos Somos Río Negro. Ese detalle puede transformarse en una tensión política importante hacia adelante. Porque mientras algunos sectores parecen avanzar hacia un acercamiento con el peronismo provincial, otros podrían no sentirse cómodos dentro de un armado donde terminen confluyendo dirigentes que históricamente fueron adversarios políticos directos.

Allí aparece uno de los mayores desafíos de Ramello: sostener el delicado equilibrio entre su identidad original, construida desde sectores independientes y radicales, y una eventual necesidad de ampliar acuerdos con el peronismo territorial de Río Negro.

Para Ramello, el riesgo es evidente. Su capital político nació desde la diferenciación con Belloso y con ciertas prácticas del peronismo local. Acercarse demasiado podría erosionar parte de su identidad original y alimentar acusaciones de incoherencia política. Sobre todo porque muchos de los cuestionamientos que hizo en 2020 siguen siendo recordados por una parte del electorado.

Pero además existe otra incógnita que comienza a instalarse lentamente en el escenario local: la sucesión política.A esta altura de la gestión, Diego Ramello aún no parece haber consolidado claramente un heredero político natural que garantice continuidad a su proyecto municipal. Entre sus funcionarios más cercanos todavía no emerge una figura indiscutida capaz de sintetizar liderazgo, volumen político y consenso interno.Aunque en los pasillos de la política local empiezan a escucharse nombres y especulaciones, nada aparece definido. Algunos mencionan a Javier De Godos como posible figura de proyección dentro del oficialismo, mientras que otros observan el crecimiento político de Flavia Agostinelli. Sin embargo, por ahora, todo se mueve en el terreno de las versiones.

Y esa indefinición también explica parte de los movimientos actuales. Porque en política, cuando todavía no aparece una continuidad clara, los acuerdos suelen acelerarse, las alianzas se vuelven más flexibles y las fotos adquieren mayor valor simbólico.

La imagen de Lamarque, entonces, no solo podría expresar un acercamiento circunstancial. También podría ser la señal de una etapa donde distintos sectores comienzan a reacomodarse frente a un escenario abierto para 2027. La gran incógnita será cómo impactará esto en la sociedad. Porque mientras la dirigencia se muestra unida en las fotos, gran parte de la ciudadanía sigue reclamando respuestas concretas sobre inseguridad, narcotráfico, transparencia y crisis económica.

El riesgo para todos los sectores es que la sociedad interprete estos acercamientos no como un gesto de madurez política, sino como un acuerdo de conveniencia entre dirigentes que años atrás se acusaban mutuamente de mala administración y corrupción. La política rionegrina parece entrar en una etapa donde las fronteras ideológicas son cada vez más flexibles.

Y la foto de Lamarque podría terminar siendo recordada, con el tiempo, como una de las primeras señales visibles de un reordenamiento político de cara al 2027.